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Anímate y esfuérzate en el Señor

Actualizado: 26 dic 2025

El desánimo cambia la perspectiva. Roba el interés por esforzarse y por trabajar, y susurra que el esfuerzo es inútil. En momentos así, la esperanza se vuelve frágil: se pierde el ánimo para luchar contra pecados persistentes, para cultivar hábitos espirituales y para servir a otras personas, especialmente cuando parece que nadie lo valora.


Esa lucha no es nueva. Hageo 2:1-9 habla a un pueblo que regresó del exilio para reconstruir lo que había quedado devastado. El símbolo más sagrado para ellos, el templo, estaba en ruinas. Algunos recordaban su antigua gloria. Otros solo veían escombros. Con recursos escasos y un corazón dividido, necesitaban una palabra de aliento. Y el Señor se las dio.


Anímense aunque no sea más glorioso (Hageo 2:1-3)


El Señor confronta la realidad sin suavizarla: "¿Quién ha quedado entre ustedes que haya visto este templo en su gloria primera? ¿Y cómo lo ven ahora? Tal como está, no es como nada ante sus ojos".


El desaliento suele tentar a esconderse: meter la cabeza "en un hoyo", cubrirse con una cobija y rendirse. Pero eso no elimina el problema. El texto invita a mirar de frente la situación: el presente puede sentirse inferior al pasado, y aun así el Señor no ha dejado de sostener.


También aparece un conflicto común: el corazón dividido. Había fiestas que celebrar, responsabilidades que atender, y una obra grande por delante. En términos cotidianos, se parece a la tensión de querer servir al Señor y, al mismo tiempo, sostener el trabajo, la casa y la familia. Esa mezcla puede frustrar y debilitar el ánimo.


El pasaje recuerda que había lágrimas mezcladas: tristeza por lo que ya no era, y alegría por lo que el Señor estaba comenzando. La nostalgia puede paralizar cuando convierte el pasado en el estándar absoluto, como si Dios ya no obrara con poder en el presente.


Trabajemos porque el Espíritu Santo está en medio de nosotros (Hageo 2:4-5)


En medio de esa realidad, llega el mandato triple:

"Esfuérzate... Esfuérzate... Esfuércense... y trabajen, porque yo estoy con ustedes... Mi Espíritu permanece en medio de ustedes; no teman".


El punto central no es el tamaño del proyecto ni la apariencia del templo, sino la presencia de Dios. El desánimo hace lo contrario: magnifica obstáculos y minimiza a Dios. Los obstáculos son reales: el cansancio, el tráfico, la falta de tiempo, la escasez de recursos. La corrección del pasaje no es negar eso, sino dejar de reducir al Señor en la mente y en el corazón.


En la obra de reconstrucción (como en una construcción), hay etapas donde se invierte mucho y "no se ve": la cimentación traga recursos y parece que no avanza. Pero esa fase no es desperdicio. Es fundamento. De la misma manera, en la obra del Señor hay esfuerzos que parecen invisibles, pero sostienen lo que vendrá.


La presencia del Espíritu no elimina la responsabilidad. El texto insiste: esfuércense y trabajen. El Señor acompaña y fortalece, pero no llama a la pasividad.


Lo que el Señor está edificando en su iglesia es más glorioso (Hageo 2:6-9)


El Señor eleva la mirada al futuro:

"Una vez más... haré temblar los cielos y la tierra... y llenaré de gloria esta casa... La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera... y a este lugar daré paz".


El pueblo veía ruinas y pensaba que lo que estaba construyendo era insignificante. Esa misma tentación aparece cuando la iglesia se percibe como "solo un grupo de personas" que se reúne, sirve y se esfuerza. Pero el Señor la ve como algo glorioso: personas rescatadas de tinieblas a luz, un cuerpo que vive para Cristo.


Por pequeño que parezca el servicio, nada es insignificante para el Señor cuando se hace para su pueblo. Enseñar a niños, servir en alabanza, dar la bienvenida, leer la Escritura en público: todo forma parte de una obra más grande de lo que los ojos alcanzan a medir.

El pasaje apunta a una gloria mayor que no se limita a un edificio. La Escritura enseña que Dios no habita en templos hechos por manos humanas, sino que obra en su pueblo. La promesa de gloria y paz encuentra su cumplimiento pleno en Cristo: Él es el verdadero templo, el lugar de encuentro entre Dios y la humanidad, y por medio de Él el Señor edifica a su iglesia.


La ilustración del "render" ayuda a visualizarlo: cuando solo hay planos, cuesta imaginar el resultado; pero cuando llega el render, la obra se entiende con claridad. En la vida de la iglesia, solo se ven pinceladas de lo que el Señor está formando. Sin embargo, el final será más glorioso de lo que el presente permite anticipar.


Conclusión


El desánimo invita a rendirse, pero Hageo 2:1-9 llama a levantar la mirada: anímate, esfuérzate y trabaja, no porque todo se vea impresionante, sino porque el Señor está con su pueblo y su Espíritu permanece en medio de la iglesia.


La obra de Cristo no depende de impresiones inmediatas. Un día quedará claro cómo el Señor tomó miles de esfuerzos "pequeños" y los usó para edificar su pueblo. Por eso el llamado permanece: no temas, no abandones la obra, no minimices a Dios. El Señor promete gloria y paz.

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