El Uniforme del Cristiano: Vive Tu Nueva Identidad
- Sergio González

- 26 oct 2025
- 12 Min. de lectura
Actualizado: 26 dic 2025
"Dios te hizo una nueva criatura. Vive de acuerdo a esa identidad."
Sería incongruente ver a un chef descuidando la higiene o preparando alimentos con las manos sucias. O sería incongruente ver a un bombero iniciando una fogata en medio de un bosque seco. Cada uniforme implica una responsabilidad y un tipo de comportamiento.
Es fácil que muchos digan que son creyentes y que portan un uniforme de cristianos. Dicen que han sido transformados y convertidos a Cristo. Sin embargo, sus acciones, comportamientos, deseos y motivaciones no van de acuerdo a lo que dicen creer o profesar. Estos falsos convertidos piensan erróneamente que por haber seguido un protocolo, haber nacido en alguna familia cristiana o haber confesado alguna frase, son parte del pueblo de Dios y portadores de un nuevo hombre.
En Efesios 4:17-32, Pablo utiliza la ilustración de cómo el creyente tiene un uniforme: el hombre nuevo. Y cómo debe despojarse del antiguo uniforme: el hombre viejo. Pablo les recuerda a los efesios que son una nueva creación y es incongruente andar y comportarse como los no creyentes.
Nuestra nueva identidad en Cristo (Efesios 4:17-24)
No vivan como los gentiles (v. 17-19)
Pablo hace una exhortación clara y directa respaldada con autoridad divina: "Esto digo, pues, y afirmo juntamente con el Señor". Estas no son sugerencias, son instrucciones apostólicas con el respaldo de Jesús. La instrucción es simple: ya no anden como los gentiles.
En este caso, Pablo utiliza la palabra "gentil" para referirse a aquellos que en un sentido moral no han cambiado su identidad y no son parte del pueblo de Dios. Ya no anden como los paganos, los que no son parte del pueblo de Dios.
Pablo les recuerda cómo vivían antes de ser creyentes. Sus mentes, vida, corazón y acciones estaban oscurecidas. Esta es la realidad de toda persona antes de Cristo:
Entendimiento entenebrecido: Sin claridad ni luz, solo oscuridad. El pecado ciega con las tinieblas la mente y corrompe el entendimiento. Lo que al mundo le parece lógico, a la luz del evangelio es ilógico y viceversa. ¿Cómo pueden hablar de derechos humanos mientras le quitan la vida a los más indefensos? Porque el entendimiento lo tienen entenebrecido.
Corazón insensible y muerto: Aquellos que no han respondido al evangelio tienen un corazón sin latido. Como resultado de esta dureza, se entregaron a toda clase de sensualidades, queriendo sentir, buscando un sentido de satisfacción que nunca encuentran, cometiendo toda clase de impurezas.
La imagen es muy oscura, pero es la realidad de cómo vive el mundo. El mundo niega la vanidad de su mente y se jacta de su modernismo e independencia. Piensan que están viviendo la vida cuando en realidad están muertos. Viven para sí mismos entregándose a toda impureza. Sin Dios, toda persona está completamente muerta.
Ojo, esa era tu condición antes de Cristo. ¿La reconoces o te ofende?
Si dices: "Bueno, sí, yo era malo, pero yo no era tan malo", no has entendido tu condición antes de Cristo. Cuando reconoces que esta era tu condición, has entendido las buenas noticias de Jesús: que Él vino a morir por pecadores. Y no cualquier tipo de pecadores, pecadores pecaminosos.
Si te ofende y crees que no eras tan malo, no has entendido tu condición vana, entenebrecida y sin vida, ignorante, terca, insensible e impura antes de Cristo. Si dices "es que yo no era tan pecador", entonces estás diciendo "realmente no necesitaba un salvador".
La Biblia es la que define nuestra condición antes de Cristo. Tal vez no te considerabas tan pecador, pero al venir a la Palabra de Dios y ver la realidad, te das cuenta que sí eras así. Pero las buenas noticias es que Dios puede transformar a este tipo de pecadores por su gracia en sus hijos.
Una educación centrada en Cristo (v. 20-22)
Cuando somos nuevas criaturas transformados por Dios, pensamos diferente, respondemos a la verdad de manera diferente y actuamos diferente a la cultura gentil o pagana. Porque una criatura nueva vive de manera diferente.
Pablo describe el venir a Cristo con tres ilustraciones sobre la educación cristiana: "Ustedes no han aprendido a Cristo de esta manera, si en verdad lo oyeron y han sido enseñados en Él conforme a la verdad que hay en Jesús."
Cuando venimos a Cristo, venimos a una educación centrada en Cristo donde:
Cristo es el tema: El cristianismo se trata de Cristo. ¿Cuál es el tema del cristianismo? Cristo. El cristiano ha aprendido a Cristo, la persona viva de Jesús.
Cristo es el maestro: "Si en verdad lo oyeron". Jesús es quien habla y el pueblo escuchamos.
Cristo es el contexto: "Han sido enseñados en él". La enseñanza es en la persona viva de Cristo.
Hay una necesidad de estar escuchando siempre del Jesús verdadero. Porque el cristianismo no se trata de seguir reglas morales o de ser buenos. No se trata de acudir religiosamente a reuniones, de tener sentimientos bonitos en una conferencia, o de creer en un Dios. No es hacer buenas cosas o conocer estadísticas de Jesús. El cristianismo es conocer a Jesús.
Despojarse, renovarse y vestirse (v. 23-24)
Pablo indica que los cristianos deben despojarse del viejo hombre, renovarse en el espíritu de su mente, y vestirse del nuevo hombre. Estos verbos están en un tiempo continuo: es algo que ya pasó, pero que sigue sucediendo. Ya el cristiano fue despojado del viejo hombre, ya se ha puesto el nuevo hombre y ya se está renovando, pero aún lo sigue haciendo. Es un "ya" y "todavía".
Vemos la lucha entre el engaño y la verdad. El viejo hombre se corrompe según los deseos engañosos, pero hemos sido educados en la verdad de Cristo. Cuando deseamos lo mismo que este mundo desea, estamos siendo engañados. Nuestros deseos deben ser siempre a lo que verdaderamente satisface: Cristo, nuestro Salvador.
Este nuevo hombre es creado "en la semejanza de Dios", como cuando en Génesis vemos que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. El creyente es creación en Cristo, creado en justicia y santidad de la verdad.
Esta es nuestra identidad en Cristo. Hemos llegado a conocer a Cristo. Somos una nueva creación y nuestras mentes están siendo renovadas. Por este cambio que Dios ha hecho en nosotros, tenemos la capacidad de vivir este tipo de vida. Esta capacidad y poder provienen de lo que Dios ha hecho al darnos nuevo corazón, nuevos deseos, nuevas mentes, nuevo poder.
Cómo vivir en esta nueva identidad (Efesios 4:25-32)
Esta nueva vida involucra reemplazar actos pecaminosos con actos rectos y justos. Pablo da cinco ejemplos de estos reemplazos, pero estos no son exhaustivos. Definitivamente hay otros actos pecaminosos y otras acciones justas que se espera que el creyente deje y haga.
Algo importante: todas estas exhortaciones tienen un aspecto relacional. Todos estos pecados afectan al prójimo y por lo tanto afectan la unidad. Y todas estas acciones afectan al prójimo y fortalecen la unidad. Pablo no solo dice "no hagan esto", sino también "hagan aquello". La santidad y la búsqueda de la unidad no es solo evitar hacer cosas, sino responder a la gracia de Dios haciendo otras cosas.
Pablo da un respaldo teológico o doctrinal de por qué hacemos lo que hacemos. Esto es importante porque cuando hacemos buenas acciones, estas son un fruto para Dios porque tienen una motivación: glorificar a Dios.
Hace poco un padre de escuela comentó: "Pues yo les pido a mis hijos que sean buenos, que hagan cosas buenas y que no se burlen de sus amigos". Cuando se le preguntó cuál era la razón, respondió: "Pues nomás para que sean buenos". La diferencia es que los cristianos instruimos a nuestros hijos a hacer actos buenos porque deseamos glorificar a Dios. Esa es la motivación. Respondemos porque amamos a Dios y porque estamos agradecidos por su salvación.
1. Reemplaza la falsedad con la verdad (v. 25)
"Dejando a un lado la falsedad, hablen verdad cada cual con su prójimo, porque somos miembros los unos de los otros."
En vez de hablar falsedad, el creyente con su nueva identidad debe hablar la verdad. La razón: nuestras palabras afectan a todo el cuerpo. Porque estamos unidos en un cuerpo, las palabras falsas o mentirosas dañarán la unidad. Las mentiras van en contra de la unidad y la verdad va a favor de ella.
El pueblo de Dios ha sido enseñado en la verdad de Jesús y proclamamos esta verdad. Debemos ser claros y hablar de manera correcta. ¿Por qué? Porque la mentira destruirá. Cuando decimos la verdad, estamos imitando a Dios. Pero cuando decimos mentiras, estamos imitando al padre de mentiras.
Deja las mentiras por amor a tu prójimo y porque estás a favor de la unidad del cuerpo de Cristo. Cuando estés tentado a decir mentiras, es porque estás dejando de creer la verdad de Dios, lo que Dios ha dicho o lo que Dios ha hecho. Recuerda que Dios nos ha pedido que hablemos la verdad por amor a nuestro prójimo.
2. Maneja el enojo correctamente (v. 26-27)
"Enójense, pero no pequen. No se ponga el sol sobre su enojo, ni den oportunidad al diablo."
La Palabra sí permite un tipo de enojo: lo que conocemos como un enojo santo o un enojo justo. Este enojo no es cuando dices "me enojé, pero no dije malas palabras". Ese no es el tipo de enojo permitido. Este enojo es una indignación justa en contra del pecado.
Como cristianos sí podemos sentir indignación ante la injusticia. Cuando vemos que el mal parece prevalecer, debemos indignarnos por lo que sucede. No podemos ser indiferentes ante las injusticias. Debemos odiar lo que Dios odia, detestar el pecado. Si eres muy bueno para detestar el pecado externo, inicia enojándote con el pecado interno.
Vemos a Jesús con este tipo de enojo cuando voltea las mesas en el templo o cuando ve el corazón endurecido de los líderes religiosos de su tiempo.
Para mantener este enojo, Pablo da tres indicaciones:
No pequen: Este enojo justo no da permiso para hacer berrinches, buscar venganza o deshonrar el nombre de Dios.
No se ponga el sol sobre su enojo: No dejemos que se quede o se asiente por mucho tiempo. No podemos tomar esto como literal porque aquellos que viven en el polo norte pueden estar enojados por seis meses cuando el sol está arriba y luego se guardan otros seis meses. Esto significa: no dejes que se asiente este enojo justo por mucho tiempo, porque el enojo es peligroso y cuando se asienta te puede llevar a la amargura. No confíes en que permanecerá ese enojo justo en tu corazón caído por mucho tiempo.
No den oportunidad al diablo: El diablo puede utilizar aún el enojo santo para meterse. Busca rápido el perdón y la reconciliación porque al diablo le encantará usar tu enojo para que seas divisivo.
Cuando te enojes, pregúntate: ¿Hay algo en lo que no estoy confiando en quién es Dios? ¿Hay algo en lo que no estoy confiando en lo que Dios ha dicho en su Palabra? ¿Hay algo en lo que no estoy confiando en lo que Dios ha hecho por su pueblo? Esto guardará tu corazón de dejar de confiar en Dios y buscar responder a este enojo de maneras injustas.
3. Reemplaza el robar con el dar (v. 28)
"El que roba, no robe más, sino más bien que trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno a fin de que tenga que compartir con el que tiene necesidad."
Robar en los tiempos en que Pablo escribió esta carta podría ser algo esperado para los efesios, pero el octavo mandamiento de "no robarás" seguía vigente para ellos como sigue siendo vigente para nosotros. El robo va en contra del diseño de Dios para el hombre.
La instrucción es clara: el que roba no robe más. Pero hay aplicaciones. En lugar de robar, debe haber un trabajo bueno, un trabajo honesto. Dios, cuando crea al hombre, le da un trabajo. De hecho, Dios espera que trabajemos reconociendo que el trabajo es un regalo que honra a Dios. Sí, cuando el pecado entra, el trabajo es desvirtuado. Pero el trabajo es un regalo de Dios.
Vemos que Dios no solo espera que trabajemos, sino que trabajemos para compartir con el que tiene necesidad. En su libro El propósito de la prosperidad, John Piper dice: hay tres opciones sobre el trabajo. Puedes robar para obtener. Puedes trabajar para obtener para ti. O puedes trabajar para obtener y poder dar. Pablo nos está instruyendo de esta tercera opción: trabajar para obtener y poder dar.
Cuando estés siendo tentado para robar o estés siendo tentado en tu generosidad, recuerda lo que Dios ha dicho de quién es Él. Él es nuestro proveedor y Él es nuestro sustentador. No dejes de confiar en lo que Él ha dicho acerca de Él y lo que Él ha hecho por nosotros. Y si Dios proveyó para ti a su Hijo Jesucristo, ¿cómo no nos dará también todas las cosas?
4. Reemplaza palabras malas con palabras que edifican (v. 29-30)
"No salga de la boca de ustedes ninguna palabra mala, sino sólo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan. Y no entristezcan al Espíritu Santo de Dios por el cual fueron sellados para el día de la redención."
Estas palabras malas son palabras corrompidas o podridas. Por lo tanto, estas palabras malas nunca podrán nutrir, sino todo lo contrario: enfermarán. Estas palabras podridas, Jesús nos dice que vienen de un corazón podrido.
Algunos ejemplos: mentiras, lenguaje abusivo, referencias vulgares, palabras hirientes, chismes, calumnias. Dios mismo dice en el Evangelio de Mateo capítulo 12 que daremos cuentas por todas las palabras que salen de nuestra boca.
Pero no solo es "no digas maldiciones". Es: reemplaza esas palabras destructivas por palabras constructivas que edifiquen, palabras que ayudan y levantan a los demás, palabras que dan ánimo, que den gracia a quienes las escuchan. En la vida cristiana, ¿cuánto necesitamos escuchar este tipo de palabras? ¿Cuánto necesitamos ser edificados por nuestros hermanos?
Pablo añade la instrucción de no entristecer al Espíritu Santo de Dios con este tipo de palabras. Cuando estas palabras salen de nuestra boca, brotan de nuestro corazón y están entristeciendo al Espíritu Santo de Dios. Ojo, decir malas palabras no es lo único que entristece al Espíritu Santo. De hecho, todos estos pecados lo entristecen porque al Espíritu Santo se le puede mentir, ofender, deshonrar, desobedecer. Cualquier cosa que va en contra de su naturaleza le entristece.
Como creyentes, en vez de entristecerlo, debemos ser sensibles a aquel que nos selló para el día de la redención. Una pregunta que constantemente debemos hacernos es: ¿Esto que diré, esto que haré, le place o le entristece al Espíritu Santo? Esta sería una buena brújula para lo que decimos y hacemos.
Cuando eres tentado a decir palabras hirientes o malas, recuerda que has sido rescatado de tu vana manera de vivir. Recuerda que no necesitas defenderte porque Él es quien nos defiende. Recuerda que no necesitas luchar por tu posición. Generalmente esto es lo que hacemos cuando decimos estas malas palabras: queremos sentirnos mejor que los demás. Y al querernos sentir mejor que los demás, estamos olvidando que Cristo ya nos ha rescatado y que somos sus hijos. Él es quien define tu posición y ya la ha definido como hijo. No tienes que utilizar malas palabras, no tienes que aplastar a tu prójimo, no tienes que corromperlo o enfermarlo. ¿Por qué? Porque Él ya te ha salvado, Él ya te ha redimido.
5. Reemplaza la amargura con la amabilidad (v. 31-32)
"Sea quitada de ustedes toda amargura, enojo, ira, gritos, insultos, así como toda malicia. Sean más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándose unos a otros, así como también Dios los perdonó en Cristo."
Quiten toda amargura, enojo, ira, gritos, insultos y malicia. Y en lugar de eso, sean amables, misericordiosos y perdonadores.
¡Qué hermoso es el cuerpo de Cristo que practica estas cualidades! ¡Qué hermoso es el cuerpo de Cristo que es conocido por su amabilidad! ¡Qué hermoso es el cuerpo de Cristo que es conocido por su misericordia! ¡Qué hermoso es el cuerpo de Cristo que es conocido por su perdón!
Vemos uno de los versos más poderosos en cuanto al perdón: "Perdonándose unos a otros, así como también Dios los perdonó en Cristo."
La implicación es directa: si Jesús puede perdonarte, no hay algo en lo cual tú no puedas perdonar.
Ojo, sí hay consecuencias por las acciones del pecado, pero los cristianos debemos ser perdonadores. Dios nos perdonó en Cristo nuestra deuda infinita. Si estás batallando en perdonar, es porque no estás viendo o estás dejando de ver el perdón de Dios para contigo.
No perdonar es no haber entendido o no apreciar el perdón de Dios. El cristiano puede perdonar porque ha entendido el perdón que ha recibido de Dios en Cristo.
Ojo, nosotros no perdonamos para ser perdonados por Dios, como si Dios respondiera a nuestra bondad. Es al revés: perdonamos porque hemos sido perdonados. Perdonamos porque respondemos a la bondad de Dios sobre nuestras vidas.
Cuando no entendemos bien el evangelio, cuando no entendemos bien nuestra condición antes de Dios, se nos dificultará el perdonar.
Si estás batallando con el perdón, voltea a ver la cruz de Cristo. Voltea a ver la obra de Dios que te perdonó.
Conclusión
Si estás leyendo esto y no has puesto tu confianza en Cristo, el mismo Espíritu de Dios puede estar trayendo convicción de pecado a tu corazón. Él te está dejando ver tu estado actual: la vanidad de tu mente, tu entendimiento entenebrecido, que estás excluido de la vida de Dios. Él te está dejando ver la ignorancia de tu duro corazón y que por eso estás entregado a toda clase de sensualidades, listo para cometer toda clase de impurezas.
Si Él te está dejando ver que esa es tu condición, al ser consciente de tu rebeldía y de tu pecado, Dios te ofrece el perdón. Sí, Dios te ofrece el perdón. Dios te ofrece liberarte de las consecuencias de tu pecado, liberarte de la justa ira eterna de Dios por tu rebeldía. Él te ofrece el perdón cuando te arrepientes y pones tu confianza en su Hijo Jesús. Reconcíliate con Dios.
Si Dios te hizo una nueva criatura, vive de acuerdo a tu identidad. Es congruente cuando el creyente vive de esta manera. Es congruente que el creyente viva diferente al mundo y diferente a su vida pasada.
Cuando vivimos una vida como el mundo o como no creyente, hay dos tipos de diagnósticos. El primero es que eres un cristiano o cristiana muy inmadura. Sí hay vida en ti, pero tus acciones hacen dudar a tus hermanos de tu genuina conversión. Pero el otro es que no eres un creyente. No te has convertido al Señor. No has nacido de nuevo. Podrás decir que eres cristiano o cristiana, pero tus acciones, motivaciones, anhelos y deseos son igual a los de este mundo.
Este texto es la gracia de Dios para que sueltes esa vida, te rindas a Cristo de nuevo, arrepintiéndote y poniendo tu confianza en Él.
Dios nos ha dado un hombre nuevo. Dios nos ha dado un hermoso uniforme. Somos parte del cuerpo de Cristo. Jesús es quien nos ha arropado. Vivamos de acuerdo a esa identidad que Él nos da.



Comentarios