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En Cristo Hallamos Provisión y Contentamiento

Actualizado: 26 dic 2025

"En Cristo hallamos provisión y contentamiento, por eso compartimos con generosidad para suplir las necesidades de otros."

Hace casi tres siglos, en Alemania, un grupo de creyentes moravos experimentó un poderoso avivamiento. En 1732, algunos jóvenes escucharon que en las islas del Caribe había miles de esclavos que jamás habían oído hablar de Jesús. Movidos por el amor de Cristo, dijeron: "Si no podemos ir como libres, nos venderemos como esclavos para ir y anunciarles el evangelio".


Cuando el barco zarpó, gritaron una frase que se convertiría en el lema de su vida: "Que el cordero que fue inmolado reciba la recompensa de su sufrimiento". No tenían riquezas, ni poder, ni posición, pero tenían a Cristo y eso bastaba.


En Filipenses 4:10-20, el apóstol Pablo es un ejemplo perfecto del contentamiento. De igual manera, la iglesia de Filipos es un gran ejemplo de generosidad. El contentamiento viene de nuestra suficiencia en Cristo, y por eso podemos dar con generosidad a otros.


Nuestra suficiencia en Cristo produce contentamiento (Filipenses 4:10-13)


Pablo no enseñó que el creyente debía ser rico, pero tampoco que debía ser pobre, sino contento en Cristo. Su confianza no estaba en lo que tenía o lo que le faltaba, sino en quién es el que lo sustentaba. Pablo dice: "He aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación".


Los filipenses son un modelo de generosidad. Pablo es un modelo de contentamiento. Los filipenses representan la generosidad cristiana dando no por obligación, sino como fruto de su amor por Cristo. Pablo muestra el contentamiento cristiano recibiendo con gratitud sin depender de las circunstancias.


El contentamiento se aprende


Vivimos en una cultura consumista donde nunca se está contento con lo que se tiene. El mundo está inmerso en esta cultura y el problema es que siempre le va a faltar algo. Esta cultura lamentablemente ha entrado también dentro de la iglesia.


Pablo, encarcelado en Roma, dice: "He aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación". El contentamiento no es algo con lo que vengamos de nacimiento. En dos ocasiones dice el apóstol: "he aprendido". El contentamiento fue a través de varias experiencias, sufrimientos y necesidades.


Pablo dice: "sé vivir en pobreza y sé vivir en prosperidad. He aprendido el secreto de estar saciado como de tener hambre". Pablo había experimentado estos contrastes. De hecho, 2 Corintios 11 describe cómo fue golpeado, apedreado, naufragó, pasó hambre, sed, frío y desnudez.


Todo lo puedo en Cristo


El verso 13 es la clave. Este verso que muchas veces se ha malinterpretado. Ese pasaje está descontextualizado cuando lo usamos para maratones o metas personales. Pablo dice: Cristo ha sido mi fortaleza en mis dificultades, en la escasez, en la abundancia. Haya tenido o no haya tenido. Cristo es mi fortaleza.


Para el apóstol, las situaciones externas no determinaban su gozo o su contentamiento. Porque de una cosa él estaba seguro: la suficiencia en Cristo. Si tengo a Cristo, dice Pablo, lo tengo todo.


¿Cuántas veces el Señor ha provisto más de lo que pensamos? ¿Por qué entonces dudamos de la provisión y del cuidado de nuestro Dios? No hay nada en lo que puedas encontrar contentamiento, sino en la persona de nuestro Señor Jesucristo. El contentamiento cristiano no tiene que ver con nuestras circunstancias. Se encuentra en Cristo y eso es suficiente.


Nuestra suficiencia en Cristo produce vidas generosas (Filipenses 4:14-20)


Pablo dice: "Iglesia, sin embargo, han hecho bien en compartir conmigo en mi aflicción". La palabra compartir también se puede traducir como participar o tener comunión. Esta colaboración era como sentirse acompañado en la situación en la que el apóstol se encontraba.


Y no era la primera vez. "Ninguna iglesia compartió conmigo en cuestión de dar y recibir, sino solamente ustedes". Esta iglesia entendió perfectamente lo que significa ser colaborador y participante de la extensión del evangelio.


Una iglesia pobre pero generosa


Para que una iglesia sea generosa, seguramente debe ser una iglesia próspera. Pero mira lo que dice 2 Corintios 8:1-5: "En medio de las pruebas más difíciles, su desbordante alegría y su extrema pobreza abundaron en rica generosidad. Soy testigo de que dieron espontáneamente tanto como podían y aún más de lo que podían".


¿Entonces no eran ricos? No. De su extrema pobreza enviaron ayuda más de una vez. Era una iglesia pobre de alrededor de 20 o 30 personas. Y dice Pablo: ustedes han enviado más que otros, y no solo una vez, muchas veces.


Al recordar su generosidad, Pablo dice: "No es que busque más ofrendas en sí, sino que busco fruto que aumente en su cuenta". El don que se da de corazón siempre enriquece al dador.


Un balance bíblico


Nosotros reprobamos el evangelio de la prosperidad. Pero a veces nos hemos ido al otro extremo. Nos da miedo hablar de dar o de generosidad. Pero debemos tener un balance. Jesús habló sobre el dinero, la riqueza y la administración en varias ocasiones.


En los ochentas, durante la hambruna de Etiopía, una iglesia muy pequeña de Corea del Sur escuchó que los cristianos etíopes estaban sufriendo escasez extrema. Apenas tenían lo necesario para sobrevivir, pero decidieron hacer una colecta. Durante semanas ayunaron un día a la semana y el dinero que habrían gastado en comida lo apartaron para enviarlo a sus hermanos en Etiopía.


Cuando el pastor coreano fue a entregar la ofrenda, dijo: "No damos porque tengamos abundancia, sino porque somos una sola familia en Cristo". No se trata de cuánto des, se trata del corazón y la intención.


Una ofrenda como fragante aroma


Pablo termina diciendo: "Estoy bien abastecido, habiendo recibido de Epafrodito lo que han enviado. Fragante aroma, sacrificio aceptable, agradable a Dios". Pablo compara la ofrenda recibida con la ofrenda que era puesta en el altar en el Antiguo Testamento.


El apóstol termina con una hermosa promesa: "Y mi Dios proveerá a todas sus necesidades conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús". Ustedes suplieron para mi necesidad, Dios suplirá para la suya. Ustedes dieron de su pobreza, Dios suplirá a sus necesidades de sus riquezas en gloria.


Hudson Taylor dijo: "Cuando la obra de Dios se lleva a cabo a la manera de Dios y para la gloria de Dios, no carecerá de la provisión de Dios".


Conclusión


Cuando Cristo nos es suficiente, cuando hallamos nuestro gozo y contentamiento en Él, podemos ser personas generosas. Que sin importar nuestra circunstancia, daremos para aquellos que están en necesidad.


La invitación del apóstol Pablo es que tengamos comunión, compasión, que con humildad miremos por los intereses y las necesidades de los demás. Pero esto solo se logra cuando encontramos nuestra suficiencia en Cristo Jesús.


Si queremos entender el verdadero contentamiento y la genuina generosidad, miremos a Cristo y no a nuestras circunstancias. Nuestro Señor se humilló, se entregó voluntariamente y dio su vida para nosotros para suplir la mayor necesidad que puede tener el ser humano: la salvación de nuestras almas.


En Cristo hallamos provisión y contentamiento. Por eso podemos compartir con generosidad para suplir las necesidades de otros.

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