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Orando Conforme a la Palabra de Dios

Actualizado: 26 dic 2025

Dios es poderoso para responder a nuestras oraciones. Pidamos en humildad el fortalecimiento de nuestro hombre interior.

Muchos aprendimos a orar imitando a otros, fuimos instruidos mientras veíamos cómo otros oraban. Pero en Efesios 3:14-21, el apóstol Pablo nos muestra cómo se ve orar conforme a la palabra de Dios. La pregunta del Catecismo de la Nueva Ciudad número 40 plantea: ¿Qué debemos orar? La respuesta apunta a que toda la palabra de Dios nos dirige e inspira en cuanto a lo que debemos orar, incluyendo la oración que Jesús mismo enseñó.


Este texto nos instruye en cuanto a la actitud que debemos tener al orar, las peticiones que Dios desea que hagamos y la confianza en quien responde a estas peticiones. La iglesia tiene un legado de oración en la palabra que debemos tomar, una que nos lleva a orar conforme a lo que es mejor para nosotros y a lo que glorifica más a Dios.


Pablo le escribe a la iglesia de Éfeso deseando que sus lectores sepan cómo está orando por ellos, qué está orando y a quién le está orando. Pablo les hace saber que le ruega a Dios, que está sobre todo, para que haga lo que solo Dios puede hacer: fortalecer el hombre interior de ellos.


Cómo oramos al Padre en humildad (Efesios 3:14-15)

La oración es una conversación con el Padre a través de su Hijo por el poder del Espíritu Santo. La oración siempre es trinitaria: al Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo. Pablo ora al Padre levantando un ruego porque sabe que los efesios necesitan algo que solo puede venir de Dios.


Pero ojo: Dios es padre de todos como creador, pero no es padre de todos como salvador. Dios es Padre solo de aquellos que han respondido al Evangelio en arrepentimiento y fe.

Veamos la actitud de cómo Pablo ora. Él dobla sus rodillas ante el Padre. Más que una postura corporal, esto muestra una postura de su corazón. Pablo está mostrando humildad. Reconoce la gracia de Dios y al pedir lo hace en forma de ruego, porque Dios no le tiene que cumplir su petición, pero sabe que Dios tiene el poder para responder.


Oremos al Padre como Pablo ora al Padre. No confiando en nuestra propia rectitud, sino confiando en la obra de Cristo a nuestro favor. Acércate al Padre con un corazón humilde. Ora en humildad, en gratitud, en dependencia y en confianza.


Cuidado con posturas de oración que no encontramos en la palabra de Dios. Cuidado con declaraciones y decretos. La postura cuando alguien declara y decreta deja de ser de humildad y se hace exigente al pedir que Dios se someta a nuestras palabras. Esta postura no la vemos instruida en la palabra por el mismo Jesús ni por sus apóstoles.


Cómo oramos por el fortalecimiento de nuestro hombre interior (Efesios 3:16-19)

Pablo levanta varias peticiones entrelazadas. Cada petición nos lleva a la siguiente, como una escalera donde una cosa lleva a la otra.


Estas peticiones son para que Dios obre en el interior del creyente. Son oraciones internas, no cosas externas. Sí, Dios nos pide que expongamos todas nuestras peticiones delante de Él, como dice Filipenses 4:6. Pero, ¿qué pasaría si empezamos a darle mayor importancia a las peticiones internas en vez de las externas?


¿Cómo se enfrentaría una mujer fortalecida por el poder del Espíritu, con Cristo señoreando su vida, bien arraigada y cimentada en amor, con una comprensión profunda del amor de Cristo y llena de la plenitud de Dios ante la enfermedad de su hija? ¿Cómo se enfrentaría un hombre con estas características ante la necesidad financiera?


Oremos por sanidad, por provisión, por seguridad, por situaciones externas. Pero antes démosle prioridad a las cosas internas en nuestra vida. Porque cuando el hombre interior está fortalecido, puede pasar por las carencias físicas como enfermedad, duelo, sufrimiento, desempleo seguro en Dios.


Fortaleza

Pablo sabe que el creyente necesita ser fortalecido en su hombre interior. Y este fortalecimiento es —escúchame— no por esfuerzo humano, sino con el poder del Espíritu. Si alguien quiere fortalecerse, el gimnasio del creyente es la oración, pues el que hace la obra de fortalecimiento con poder es el Espíritu Santo. El cristiano sin la fuerza del Espíritu Santo es como un costal de huesos.


Profundidad

Pablo utiliza tres conceptos: habitación, arraigados y cimentados. Pablo ruega que Cristo habite en el creyente. Ya Cristo está en el creyente, pero este habitar habla de sentirse en casa. Cuando Cristo habita es cuando Él ya no es una visita, sino un residente que ordena y señorea sobre esa casa.


Pablo está diciendo: no quiero que se conformen con un Jesús de domingo, no quiero que se conformen con un Jesús superficial, no quiero que se conformen con un Jesús que han domado. Padre, quiero que Jesús se meta hasta la cocina de la casa, en la cena, en los clósets, en el historial de internet, en las redes sociales, en los grupos de WhatsApp, en la crianza, en los lechos matrimoniales.


Pablo pide que estén arraigados y cimentados en amor, como árboles plantados junto a corrientes de las aguas. Estos dos conceptos de profundidad —raíces y cimientos— no se ven a simple vista. Nadie se acerca al árbol y se maravilla por sus raíces. Pablo sabe que lo más importante es lo que no se ve.


Comprensión

Pablo ruega que sean capaces de comprender y conocer el amor de Cristo. No solo de saber de este amor, sino apropiarse de este amor. Pablo quiere que entiendan que no hay límite del amor de Cristo. No importa cuántos años luz viajen en una dirección, nunca se acabarán las dimensiones del amor de Cristo.


El texto nos lleva a una paradoja: Pablo ruega que puedan conocer algo que sobrepasa el conocimiento. Pablo no está orando para que el amor de los creyentes se incremente. Pablo ora para que conozcan el amor de Cristo por ellos. Si el creyente desea crecer en amor por Cristo, primero debe abrazar el amor de Cristo por él.


Esta experiencia del amor de Cristo no es individual. La vida cristiana no se vive en aislamiento. Un hermano le comunica a otro: "Mira el amor de Cristo al sustentarnos en medio de las pruebas", y el otro le comunica: "Mira el amor de Cristo al levantarnos de nuestros pecados". Están experimentando el amor de Cristo de maneras diferentes y se están comunicando, siendo fortalecidos.


Llenura

Pablo quiere lo mejor: que cada creyente sea lleno hasta la medida de toda la plenitud de Dios. Un creyente que está experimentando esta llenura es un creyente que está caminando en madurez. Es un creyente que sabe que si tiene a Dios, lo tiene todo. Un creyente lleno de Dios no anda mendigando con las migajas de este mundo.


Aprópiate de esta oración. No es plagio orar esta oración. De hecho, orar esta oración es orar la palabra. Porque estas son palabras que el Espíritu Santo inspiró y nos ha dejado como un legado.


Cómo oramos con una gran expectativa (Efesios 3:20-21)

Pablo se atreve a rogar por estas peticiones porque conoce a quien le está pidiendo. Pablo termina con una doxología, palabras de gloria al merecedor de toda la gloria. "A aquel que es poderoso para hacer todo mucho más abundante de lo que pedimos o entendemos según el poder que obra en nosotros. A él sea la gloria en la iglesia, en Cristo Jesús, por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén."


Pablo sabe que Dios puede hacer. Pero no solamente puede hacer, sino que es poderoso para hacer todo mucho más abundante. Dios contesta y añade más de lo que Pablo puede entender. Dios puede hacer más con una oración de este tipo que cien años de esfuerzo de la iglesia.


¿Y cómo hace Dios esto? Según el poder que opera en nosotros. Dios con su Espíritu Santo puede hacer cosas extraordinarias a través de personas ordinarias.


¿Por qué hace Dios esto? A Él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. La meta de la oración es la gloria de Dios eterna. Si Dios responde esta petición de fortalecer al hombre interior, es porque esto glorifica a Dios. ¿Por cuánto tiempo? Por los siglos de los siglos. Por todas las generaciones. Amén.


Conclusión

Cuando te apropies de esta oración, hazla con expectativa. No le estamos pidiendo algo a Santa Claus o al hada de los dientes. Le estás pidiendo a alguien que puede cumplir y sobrepasar tus mismas expectativas.


Nuestra confianza no está en que nuestra oración sea perfecta. Nuestra confianza no es en reunir las palabras correctas en el orden correcto. No, nuestra confianza en oración está puesta en aquel que puede responderla.


Busca que tus oraciones sean conforme a la palabra de Dios. Y cuando ores, aunque tu oración no sea perfecta, ten la confianza de que Dios es poderoso para hacer más allá de lo que pides o entiendes.


Memoricemos esta oración para que cuando el Espíritu nos guíe, tengamos este recurso de su palabra inspirada en nosotros. Pide para ti, pide para tu familia y pide para tu iglesia. Vengamos en confianza al Padre por la obra de su Hijo Jesucristo, pidiendo ser fortalecidos en nuestro hombre interior, profundizar en el amor de Cristo —arraigados y cimentados— y experimentar la llenura de Dios en nosotros.

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