Pero Dios: de la muerte a la vida para andar en sus obras
- Sergio González

- 21 sept 2025
- 6 Min. de lectura
Actualizado: 26 dic 2025
"Por su gracia estás vivo. Anda en las obras de Dios."
La muerte es real y sabemos que este tema es sensible. Entrar a un funeral nos hace reflexionar acerca de la muerte y salir de un funeral nos hace también apreciar la vida. En un funeral hay un gran contraste: la muerte y la vida.
En Efesios 2:1-10, el apóstol Pablo presenta a los cristianos un gran contraste. La realidad de su condición pasada—su condición que era muerte—pero también la realidad de su condición presente, que es vida. Pablo desea que sus lectores recuerden las sobreabundantes riquezas de la gracia de Dios al darles vida cuando estaban muertos.
Este contraste no debe apreciarse tanto por la realidad del pasado en muerte, sino por el presente y futuro en vida. Por gracia, quien ha creído en Cristo y puesto su confianza en Él para salvación, está vivo. Camina, anda, vive en las obras de Dios.
Antes de su gracia estábamos muertos, bien muertos
Pablo inicia con un diagnóstico del ser humano antes de recibir la gracia de Dios. No medio muertos, no semi muertos. Antes de la gracia estaban completamente muertos.
Las verdades que eran para los Efesios son las mismas verdades para los cristianos de cualquier época. Cuando Pablo dice "ustedes" a los Efesios, somos nosotros. Y cuando Pablo se incluye diciendo "nosotros", también somos nosotros.
Pablo dice que antes de recibir la gracia de Dios, el humano estaba muerto, completamente muerto. La imagen no es buena porque Pablo dice que estábamos muertos, que éramos desobedientes y que estábamos perdidos.
Estábamos muertos en delitos y pecados. El pecado fue introducido y todo ser humano desde el inicio nace con pecado. Nacemos con este chip que está en rebeldía contra el Creador, contra Dios. Esto es totalmente contrario a lo que el mundo piensa del ser humano—el humanismo que dice que el hombre es básicamente bueno.
Una persona espiritualmente muerta puede hacer cosas buenas y bellas. Estas cosas son bellas porque aún un ser humano muerto espiritualmente es creado a la imagen de Dios. Pero ninguna de estas cosas bellas son buenas espiritualmente porque están desconectadas de Dios.
Éramos muertos desobedientes. No solo estábamos muertos, sino que éramos desobedientes. Éramos como zombies: ya están muertos, pero siguen haciendo el mal. En vez de seguir y obedecer a Dios, preferimos seguir a tres fuerzas del mal:
El mundo: Estábamos controlados por las influencias de este mundo—los valores contrarios a los valores de Dios. El mundo no es el planeta Tierra, sino la mentalidad. El no creyente no sabe que está en una corriente guiada por el mundo, así como solo el astronauta que se sale al espacio se da cuenta que el mundo está girando.
El diablo: También seguíamos al príncipe de la potestad de los aires. Éramos influenciados por el mismo Satanás. El diablo trabaja a través de la desobediencia del no creyente, como vemos en Génesis 3, donde entra con sus trampas, mentiras y artimañas.
Nuestra carne: La carne es aquello que dice "hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley". La carne vive para su misma gloria, no le importa nada más, y siempre quiere estar siendo satisfecha sin tener llenadera.
De estos tres grandes enemigos, el más poderoso no son los que están fuera de ti—es el que está dentro de ti.
Estábamos perdidos. Éramos por naturaleza hijos de ira lo mismo que los demás. Ser hijos de ira significa que éramos justos merecedores de la ira justa de Dios. Al ser desobedientes y rebeldes, el merecido justo que necesitábamos recibir es la ira de Dios, porque Dios es justo y debe condenar y castigar el pecado.
Por su gracia estamos vivos, bien vivos
Pablo ha presentado este diagnóstico terrible—un diagnóstico de muerte, de separación de Dios sin esperanza. Pero Pablo es un excelente joyero. Ya sacó la tela negra del estado del hombre separado de Dios, y ahora va a sacar un diamante. La joya de la corona.
Comparando con la gran oscuridad del corazón caído del hombre, el texto que sigue es el diamante más valioso en todo el universo: las buenas noticias de Dios para el hombre. El Evangelio.
El diamante del Evangelio empieza con las dos palabras más dulces que una persona pueda escuchar: "Pero Dios". En este "pero Dios" vemos la iniciativa de gracia y la acción soberana de Dios. Un contraste maravilloso porque estábamos sin vida, sin esperanza, bajo condenación. Pero Dios.
El carácter de Dios: ¿Qué hizo que Dios obrara en salvación para el hombre muerto, rebelde, bajo condenación? Su misericordia, su amor, su gracia y bondad. Él no solo es misericordioso—es rico en misericordia. Su amor no es solo amor—es un gran amor. Su gracia no es solo gracia—es sobreabundantemente rica.
La obra de Dios: El texto nos dice que hizo tres cosas:
Nos dio vida juntamente con Cristo. Así como Jesús le dijo a Lázaro "sal fuera", también te llamó por nombre. El cristianismo no se trata de ser una mejor persona—se trata de ser una nueva persona.
Nos resucitó en Cristo. Cuando el Padre resucitó a Jesús de entre los muertos, esa vida también se nos dio a nosotros.
Nos sentó en lugares celestiales en Cristo. Pablo dice que estamos sentados con Él.
Esto es lo que los teólogos llaman "el ya pero todavía no". Ya nos resucitó pero todavía esperamos nuestra resurrección. Ya nos sentó pero un día estaremos sentados con Él. Son verdades genuinas ahora pero que se cumplirán en su totalidad en aquel día.
El propósito de Dios: La razón por la que Dios ha vertido su gracia sobre su pueblo es para que en los siglos venideros, sus sobreabundantes riquezas de gracia sean exhibidas. Cuando Él te salvó, el propósito es que seas un trofeo de su gracia.
Por su gracia andamos en buenas obras
Pablo presenta el tema de la fe y las obras, enfatizando que la salvación es un regalo y que una genuina salvación resulta en buenas obras.
La salvación es un regalo. Por gracia han sido salvados por medio de la fe. Y esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios. La gracia viene a través de la fe, pero la fe no es una obra—la fe es un regalo. La salvación no es una transacción donde Dios da la gracia y nosotros proveemos la fe. No, la gracia es un regalo y la fe es un regalo.
Nadie puede gloriarse, nadie puede jactarse, nadie puede presumir: "no por obras para que nadie se gloríe". Todo lo que tenemos es por gracia. Aún la fe en Cristo es por gracia. Como cuando un niño anda presumiendo sus regalos de cumpleaños, como si él hubiera hecho algo para obtenerlos. Solo hay uno que debe ser exaltado en la salvación del hombre: Dios.
Esta salvación tiene buenas obras como resultado. Las obras no son la raíz de la salvación—las obras son el fruto de la salvación. Los reformadores tenían una frase: "Solo la fe justifica, pero la fe que justifica nunca puede estar sola".
No tienes que hacer buenas obras para ser salvo, sino porque has sido salvo, las buenas obras son un fruto de tu vida.
Pablo da uno de los mejores piropos en la Biblia para el pueblo de Dios: "porque somos hechura suya". La palabra es "poiema"—son un poema de Dios. Son hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano.
Antes anduvieron en delitos y pecados. Ahora andan en buenas obras que Dios preparó de antemano. Antes caminábamos en oscuridad, controlados por el mundo, el diablo y nuestra carne—muertos, rebeldes, condenados. Pero Dios les dio vida a través de la fe en Cristo. Ahora caminemos en Cristo haciendo buenas obras.
Este es el mensaje que se proclama una y otra vez. El no creyente necesita saber que está muerto, que es rebelde y que será condenado por la eternidad. Pero Dios extiende su gracia ofreciendo que responda con fe, reconociendo su rebeldía para que se arrepienta y ponga su fe en Cristo.
Para quien ya es parte del pueblo de Dios y ya ha recibido de su gracia: está vivo. Comparte este mensaje. Comparte el Evangelio. No quites las noticias malas—nadie va a apreciar las buenas noticias si no entiende las malas noticias. Nadie va a apreciar el diamante si no conoce la condición real del hombre.
Meditar en estas verdades nos hace caminar en las implicaciones de estas verdades. Apreciemos el evangelio con este gran contraste que Pablo muestra en Efesios 2:1-10. Por su gracia estás vivo—anda en las obras de Dios.



Comentarios