El juicio que nadie puede evitar
- Sergio González

- 29 mar
- 6 Min. de lectura
"La maldad de todas las naciones será juzgada"
Siempre hay algo en contra. La cultura que se opone a los valores del pueblo de Dios, las oposiciones individuales como pleitos, divisiones o amenazas, e incluso la oposición interna del propio corazón: pecado, desesperanza, orgullo y temores. El imperio de Asiria representaba todo eso para Judá. Eran los bullies del mundo antiguo, y cada palabra del profeta Nahum dirigida a Nínive llegaba como un consuelo profundo a los oídos de Judá: el Señor actuaría contra sus opresores. Escuchar esta poesía traía esperanza. Judá podía decir: llegará el día en que nuestros angustiadores serán aniquilados y ya no nos molestarán.
En Nahum 3:8-19, el texto final de la serie Profetas a Nínive, el profeta cierra su mensaje con una verdad contundente: la maldad de todas las naciones será juzgada. El texto se divide en dos secciones: en la primera, Nahum le dice a Nínive que no es especial; en la segunda, expone que sus falsas seguridades serán inútiles ante el juicio de Dios.
Tú no eres especial (Nahum 3:8-11)
El profeta confronta a Nínive con una pregunta retórica: "¿Eres tú mejor que Tebas?" (Nahum 3:8). Tebas era como el Nueva York del mundo antiguo, una ciudad vibrante que durante mucho tiempo fue la capital del antiguo Egipto. Conocida en la actualidad como Luxor, era un lugar de monumentos imponentes que aún atraen a turistas de todo el mundo.
Tebas contaba con dos grandes fortalezas. La primera era su ubicación junto al río Nilo. Los canales que atravesaban la ciudad funcionaban como murallas naturales, haciendo que cualquier ataque fuera extremadamente difícil; de forma similar a Nínive, que también contaba con un río que la protegía. La segunda fortaleza de Tebas eran sus alianzas. Nahum menciona a Etiopía, Egipto, Fut y Libia como aliados que la rodeaban por todos los flancos: al norte, al sur, al este y al oeste. Si era atacada, sus amigos vendrían en su auxilio. Tebas tenía amigos.
Aun con todas estas fortalezas, Tebas cayó en manos del imperio asirio en el año 663 a.C. De hecho, esta es una de las razones por las que los historiadores pueden fechar el libro de Nahum: por lo menos se escribió después de la caída de Tebas. Los asirios hicieron lo que sabían hacer muy bien: ejercer su crueldad al conquistar. Desterraron a los habitantes, llevándolos al cautiverio. Asesinaron niños a la vista de todos. Humillaron a los nobles vendiéndolos como esclavos. La ciudad que se creía segura fue completamente destruida.
El profeta utiliza esta comparación para decirle a Nínive: no eres mejor que Tebas. La ciudad que se creía segura terminó siendo destruida. Nínive, que se sentía segura, pasaría por lo mismo. Y los registros históricos confirman que unos 50 años después, Nínive sufrió la misma suerte. El verso 11 es directo: "Tú también quedarás embriagada, estarás escondida, tú también buscarás refugio del enemigo." Al igual que Tebas, Nínive recibiría el mismo trato que ella hizo con otros.
La nación enemiga de Dios no puede confiar en sus fortalezas ni en su ubicación. No puede confiar en sus aliados, porque el juicio de Dios vendrá sin importar en qué depositen su confianza. Dios es todopoderoso para ejecutar sus juicios. No hay nación invencible ante Dios. Él gobierna soberanamente sobre la tierra que Él creó.
Este mensaje de juicio para Nínive era, al mismo tiempo, una buena noticia para el pueblo de Dios. Y eso es exactamente lo que incluye el mensaje del evangelio: buenas noticias y malas noticias. Las malas noticias son que el juicio divino viene para todos los que no confían en la salvación del Señor. Dios destruirá a todo rebelde que niegue su pecado contra el Creador y no reconozca a Jesús como el único camino de salvación. Las buenas noticias son que Dios juzgará a los pecadores y salvará a los justos. Y los justos no son quienes se han portado bien, sino quienes reconocen que eran enemigos de Dios y han confiado en el sacrificio de Jesucristo, acercándose a Dios no en orgullo, sino en arrepentimiento y en fe. Como lo dice el profeta Joel: "Todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo" (Joel 2:32). Los cristianos no son mejores que nadie. Simplemente han reconocido que son pecadores y que Jesús es quien los salva del futuro juicio de Dios.
Tus falsas seguridades serán expuestas (Nahum 3:12-19)
Nínive podría caer en el error de pensar que era mejor que Tebas, que sus defensas robustas podrían detener cualquier ataque. Pero Nahum continúa exponiendo cada una de sus supuestas defensas con un lenguaje figurado que muestra que la defensa de la ciudad era completamente inútil.
Las fortalezas de Nínive eran como higueras cargadas de primeros frutos: basta sacudirlas para que todo caiga en la boca de quien las come. El ejército de Nínive no tendría coraje para defender la ciudad. Las puertas y cerrojos serían hechos cenizas por el fuego. Nada de su poder militar podría detener la destrucción cuando el juicio del Señor cayera sobre ella.
Nahum añade un desafío irónico, similar al que ya había lanzado en el capítulo 2. Es como decirle al enemigo: échale ganas, Nínive, pero aunque le eches ganas serás derrotada. Abastécete de agua para el asedio, refuerza tus fortalezas, métete en el lodo y pisa el barro, toma el molde de ladrillos. Es decir: ten material suficiente para que cuando tus murallas estén cayendo puedas hacer ladrillos y reedificarlas. Pero nada de esto servirá.
Tampoco servirían los comerciantes que habían multiplicado la riqueza de la ciudad más que las estrellas del cielo. El profeta dice que desaparecerían como insectos que están un momento y de repente se van. Los oficiales y jefes se irían como nubes de langostas que, al salir el sol, emprenden el vuelo y nadie sabe dónde fueron. Una sociedad que se veía tan estable, tan grande, tan indestructible, se desvanecería por completo. La fuerza económica de Nínive no serviría de nada ante el juicio del Señor.
Nahum termina dirigiéndose al rey de Asiria: sus nobles morirán, su pueblo será dispersado por los montes y no habrá quien lo reúna. "No hay remedio para tu quebranto, tu herida es incurable" (Nahum 3:19). La destrucción de Nínive sería permanente. A diferencia de otras ciudades de la época que eran atacadas y luego reedificadas, Nínive jamás se levantaría de nuevo. Los arqueólogos que estudian sus ruinas son testigos de la fidelidad de la palabra de Dios.
Y cuando Nínive cayó, no hubo lágrimas. Solo alegría. Todos los que experimentaron la maldad de Asiria batieron sus palmas, porque sobre todos ellos había pasado constantemente su maldad.
Las naciones pueden confiar en su liderazgo, su armamento, sus ejércitos, su tecnología, sus estrategias o su inteligencia artificial. Pero cuando venga el día del Señor, nada de eso les servirá. No quedará ningún enemigo impune ni escondido. Todo se desvanecerá ante el trono del Señor. Y eso es esperanzador para el pueblo de Dios, porque la confianza del cristiano no está en las naciones ni en sus líderes, sino en el Dios soberano, todopoderoso, celoso y justo que gobierna sobre la tierra que Él creó. No solo es un Dios personal; es un Dios cósmico que juzgará a todas las naciones en toda su soberanía y poder.
Conclusión
La severidad del juicio de Dios contra Nínive invita a una pregunta difícil: ¿por qué tan severo? La respuesta es que la severidad del juicio corresponde a la gravedad del pecado. Ver el peso del juicio de Dios ayuda a entender lo serio que es pecar contra el Creador. Es tan serio que el castigo para el pecador es la eternidad en el tormento. Y es tan serio que, para borrar la pecaminosidad de su pueblo, Dios envió a su Hijo Jesús, quien siendo completamente hombre y completamente Dios era el único que podía soportar la ira justa de Dios.
Dios trata con el pecado de manera definitiva en dos puntos de la historia: en la cruz y en el juicio final. Todo pecado será juzgado en uno de esos dos momentos. Para quienes han puesto su confianza en Cristo, acercándose a Él en humildad, arrepentimiento y fe, sus pecados ya fueron juzgados en la cruz. Las consecuencias fueron vertidas sobre el amado Hijo de Dios en el Calvario.
Para Nínive, la palabra del profeta fue terminante: no hay remedio para tu quebranto, tu herida es incurable. Nínive ya estaba lejos de la oportunidad del arrepentimiento. Pero para quien aún no ha puesto su confianza en Cristo, la buena noticia es que si se arrepiente y cree en el Señor, Jesús toma el juicio merecido en la cruz y salva para siempre. Sí hubo remedio para el quebranto del pueblo de Dios: Jesús fue quebrado en su lugar. Sí hubo cura para su herida: Jesús fue herido en la cruz para que su pueblo pueda experimentar la restauración y la vida que Dios da. Como lo declara Nahum al inicio de su profecía: "Bueno es el Señor, una fortaleza en el día de la angustia, y conoce a los que en Él se refugian" (Nahum 1:7).
En esta serie sobre los dos profetas a Nínive se ha visto el juicio, la santidad y el celo de Dios en Nahum, y la misericordia y la gracia de Dios en Jonás. Dios no es más uno y menos otro. Dios es misericordioso y lleno de gracia, y Dios es justo, celoso y vengador. Acerquémonos a Él en confianza y en fe, y proclamemos las buenas noticias de su gracia y misericordia, que incluyen las malas noticias para sus enemigos.

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