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No hay lugar seguro para los enemigos de Dios

"El Señor avergonzará a sus enemigos"

Hace poco, un líder de una nación retó de manera prepotente a otro líder a que fueran por él, porque sabía dónde vivía. En su residencia había un cuarto seguro supuestamente impenetrable, y ese recurso lo envalentonaba. No pasó mucho tiempo antes de que ese mismo líder fuera sacado de su casa, encadenado y mostrado caminando hacia su nuevo hogar: una cárcel en territorio extranjero. Líderes de las naciones pueden sentirse invencibles e intocables, solo para terminar avergonzados.


Los asirios se creían invencibles, no solo en el campo de batalla, sino dentro de sus ciudades, palacios y fortalezas. El profeta Nahum compara esos palacios con una guarida de león: un lugar al que nadie osaba entrar. Pero en Nahum 2:11–3:7, con un lenguaje fuerte y afilado, el profeta proclama verdades sin endulzar. La verdad central es que el Señor avergonzará a sus enemigos: destruyendo sus lugares seguros y enjuiciándolos de una manera vergonzosa.


Dios avergüenza a sus enemigos destruyendo sus lugares seguros (Nahum 2:11-13)


Una vez que la ciudad de Nínive está desolada y vacía, Nahum utiliza un lenguaje provocador, casi burlón, haciendo una pregunta retórica cuya respuesta los lectores ya conocen: ¿Dónde quedó la guarida de los leones? Es decir, ¿dónde quedó el palacio del rey?


El león era un animal de gran peso en la cultura asiria. Los relieves descubiertos por los arqueólogos muestran abundantes representaciones de leones, y los reyes acostumbraban cazarlos como símbolo de poder. Pero ahora, el que cazaba leones fue cazado. Nahum utiliza este contraste magistralmente: Asiria salía a cazar sus presas y llevaba el botín a su palacio. El rey, como un león, no tenía por qué cuidarse las espaldas. Él era el cazador, nunca el cazado. Las cuevas que antes llenaba de presas quedarían vacías y abandonadas.


El profeta continúa con una declaración del Señor en el verso 13 que muestra su hostilidad directa contra el enemigo de Judá: "Aquí estoy contra ti." El Dios creador del universo, el Todopoderoso, está contra Nínive. Y si Nínive confiaba en sus ejércitos, el Señor utiliza uno de sus nombres más temibles: Señor de los ejércitos, el comandante en jefe de los ejércitos celestiales, quien tiene poder sobre todo y sobre todas las naciones. Para demostrar que está contra ellos, declara que pulverizará sus carros, sus nobles serán devorados, todo lo saqueado será arrancado y sus mensajeros —aquellos que difundían terror a las naciones— serán aniquilados. El Señor borraría su ejército, su nobleza, sus riquezas y su influencia.


En septiembre de 2014, en el estado de Guerrero, 43 estudiantes fueron desaparecidos cuando se trasladaban a un evento. Años después, las familias siguen sin saber qué sucedió con sus hijos. Pareciera que los culpables están seguros en sus guaridas y que la justicia nunca llegará. El corazón humano clama por justicia, y cuando no la encuentra, cae en desesperanza. Pero el pueblo de Dios no debe caer en desesperanza, porque no hay un lugar seguro para los enemigos de Dios. No hay guarida, no hay palacio, no hay cuarto seguro donde el Señor no vaya a entrar. Él sacará a sus enemigos y los juzgará para siempre.


Dios avergüenza a sus enemigos enjuiciándolos de una manera vergonzosa (Nahum 3:1-7)


Nahum continúa con un "¡Ay de la ciudad sanguinaria!" y empieza a enumerar las razones por las que Dios juzgará severamente a Nínive. Si se entienden estas razones, el juicio severo y la destrucción completa de la ciudad son coherentes.


Ciudad sanguinaria. Las estrategias de guerra de los asirios eran consideradas las más crueles de toda la historia. Las consecuencias por negarse a rendirse a las exigencias del imperio eran atroces. Lo que hacían lo usaban como ejemplo para que otras naciones se sometieran sin resistencia. A diferencia de otras naciones que cometen atrocidades y las esconden, los reyes de Asiria se enorgullecían de ellas porque deseaban propagar el terror.


Ciudad mentirosa. Los asirios aprovechaban el terror para hacer promesas que no tenían intención de cumplir. El mensajero del rey Senaquerib cuando atacó Jerusalén es un ejemplo claro. Les prometía al pueblo de Judá: hagan la paz, coman y beban tranquilos, "hasta que yo venga y los lleve a una tierra como la de ustedes" (2 Reyes 18:31-32). En otras palabras: no pongan resistencia y vayan voluntariamente al exilio. Esas eran las mentiras que utilizaban.


Ciudad avara. Nínive no tenía llenadera. El imperio arrasaba con todo lo que se le ponía enfrente. Robaban, saqueaban y arrebataban todo lo ajeno usando violencia y amenazas. Se llenaron de tesoros que, como se vio en Nahum 2:9, de nada les sirvieron en el gran día del Señor.


Ciudad ramera y hechicera. Los profetas usaban el término "prostitución" para describir cuando el pueblo de Dios ponía su confianza fuera de Él. Pero aquí el profeta lo usa contra Nínive porque vendía su poder militar con el propósito de seducir y luego someter a las naciones bajo su control. Nínive utilizaba sus encantos para engañar a otros a confiar en ella y después despojarlos de sus posesiones. Además, los asirios practicaban la hechicería, buscando ejercer influencia sobre otros y cambiar el curso de los eventos, algo que la Escritura prohíbe.


Dadas estas razones, el profeta muestra cómo Nínive tomaría de su propio chocolate: lo que habían hecho contra otros ahora les sucedería a ellos. Las puertas de la ciudad se llenarían de cadáveres, así como ellos dejaban cadáveres cuando saqueaban otras ciudades. El verso 5 del capítulo 3 trae por segunda ocasión la declaración "Aquí estoy contra ti" del Señor de los ejércitos. El juicio sería vergonzoso: "Levantaré tus faldas sobre tu rostro y mostraré a las naciones tu desnudez y a los reinos tu vergüenza. Echaré sobre ti inmundicias, te haré despreciable y haré de ti un espectáculo" (Nahum 3:5-6).


Nínive quedaría vacía y nadie buscaría regresar a ella. Sus ruinas siguen siendo ruinas. Y cuando fue asolada, sus supuestos aliados se esfumaron. Nadie lloró por ella. No había consoladores disponibles. Avergonzada, vergüenza de vergüenzas.


Apocalipsis 18 habla de una gran ciudad, Babilonia, que atrapó a muchos con sus sensualidades y fue sanguinaria con el pueblo de Dios. No habrá ciudad ni gobierno que escape del juicio de Dios. Todo acto, conocido o desconocido, recibirá el trato justo del Señor de los ejércitos. Apocalipsis 19 registra la respuesta del pueblo de Dios ante ese juicio: "¡Aleluya! La salvación y la gloria y el poder pertenecen a nuestro Dios, porque sus juicios son verdaderos y justos, porque ha juzgado a la gran ramera que corrompía la tierra con su inmoralidad, y ha vengado la sangre de sus siervos en ella" (Apocalipsis 19:1-2). Y después, una gran multitud como el estruendo de muchas aguas y fuertes truenos dice: "¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina! Regocijémonos, alegrémonos y démosle a Él la gloria, porque las bodas del Cordero han llegado."


Así como el pueblo de Judá podía gozarse y alegrarse al recibir esta profecía, quienes confían en Cristo pueden regocijarse sabiendo que los juicios justos y verdaderos de Dios llegarán.


Conclusión


Los enemigos del Señor serán juzgados. Sus guaridas serán destruidas. No habrá uno solo que se le escape. Todo enemigo —Satanás, el pecado, la muerte, este mundo que se pone en contra del pueblo de Dios— será juzgado y avergonzado para siempre.


Si Jesús no dirige una vida y su palabra no tiene relevancia, el Señor juzgará todo pecado y toda transgresión. Es fácil ver los pecados de Nínive y pensar "yo no soy así de pecador." Pero todo aquel que ha pecado y no se ha arrepentido es enemigo del Señor. Pablo escribe que "Dios juzgará los secretos de los hombres mediante Jesucristo" (Romanos 2:16). No hay lugar seguro ni pretexto para el rebelde en el día del Señor. Solo en Cristo hay un lugar seguro. Solo aquellos que se han arrepentido y han puesto su confianza en Él tendrán refugio en el día del juicio.


Presidentes, dictadores, pueden creer que tienen sus cuartos seguros, sus recursos y aliados. Pero nada puede proteger a los enemigos del Señor. Dios los encontrará donde estén y los enjuiciará vergonzosamente. Y nadie llorará por ellos. Todo lo contrario: el pueblo del Señor se regocijará, se alegrará y le dará a Dios la gloria. Nahum nos recuerda que Dios enjuiciará a sus enemigos, avergonzándolos en su juicio eterno. Y como pueblo de Dios, es posible descansar en este Dios santo, temible, que tiene el poder para hacerlo.

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